Uña y Carne

Recién acabada la contienda civil, el cine en los años cuarenta, principalmente del pasado siglo XX, se convirtió en la gran evasión para todas las personas que de esta manera, durante un par de horas a la semana o al mes según sus posibilidades económicas, podían permitirse el lujo de soñar con otra vida, tan atractiva como la que se exhibía en la pantalla en comparación con la que plena de dificultades sobrevivíamos la mayoría de las familias.

Dos amores

Dos amores

En Zaragoza había entonces dos salas de estreno: el Cine Dorado, en el Paseo de la Independencia, y el Cine Goya, en la calle de San Miguel. Una de la empresa Parra y otra de la empresa Quintana.

Más tarde, al final de los cuarenta y principios de los cincuenta se fueron haciendo el Cine Elíseos, el Cine Gran Vía (actualmente sala de bingo), el Coliseo Equitativa (hace tiempo desaparecido) y sobre todo el Cine Palafox que causó sensación en aquel entonces, y que hoy se halla dividido en once mini-salas.

Acompañando a estas salas preferentes había un número importante de cines que se llamaban de reestreno, más económicos, donde se seguían pasando las películas de las salas principales una vez agotado su primer impacto, y que en algunas películas excepcionales tardaban hasta meses. A estos cines íbamos sobre todo los adolescentes que con la “propina” que nos daban en casa para pasar el domingo por la tarde nos llegaba más bien justo.

Para la sesión del domingo, de 7 a 9 de la tarde, la preferida de las parejas de novios, había incluso reventa autorizada con un 20% de sobreprecio.

Hijos de la farandula

Hijos de la farandula

Las películas se estrenaban habitualmente los lunes y el domingo, al mediodía, en los Porches del Paseo de la Independencia se situaban dos o tres jóvenes, y en algunas ocasiones incluso un conserje uniformado, repartiendo los prospectos en que se anunciaban los estenos del día siguiente.

Hemos seleccionado varios de ellos impresos por diversas imprentas zaragozanas, todas ellas desaparecidas actualmente, en las cuales se imprimía en la parte del reverso del texto anunciador de la película correspondiente, la fecha, y en algunos de ellos el número de ejemplares.

En el anverso de los prospectos figuraba la película propiamente dicha impresa en litografía por talleres de Valencia y Barcelona primordialmente, encargados por los productores o representantes de las pecículas que, posteriormente, iban repartiendo por las diferentes localidades para que cada una las anunciara en sus propias salas de cine.

La afortunada frase literaria “años de plomo” de nuestro compañero y amigo Luis Serrano Pardo, referente a las imprentas y en concreto a estos años, es la más apropiada para observar cómo se trabajaba entonces, los tipos de letra empleados, la distribución de textos, el poder sintetizar en una hojita el argumento de la película anunciada y los nombres de los protagonistas.

Trabajos bien hechos, bien impresos generalmente, no lo olvidemos, tratándose de plomo, en minervas de marcar a mano (aún faltaban años para que llegaran las Heildelberg automáticas) y con tipos de letra que, sobre todo, al principio de los cuarenta, ni siquiera se podían reponer las letras más desgastadas.

Último día

Una sorpresa agradable que nos ha salido al paso ha sido el hallazgo de un prospecto en el que se anuncia la película “Último Día” apta para todos los públicos, interpretada como protagonista por Pilar Lorengar, la gran cantante zaragozana de fama internacional, del año 1955, muy jovencita, y de la que desconocíamos esta parte de su faceta artística.

¡Buen día de cine!

 

DOS PASIONES

DOS PASIONES

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Amanda

Amanda