Los albores de los “años de plomo”

Como suele suceder con frecuencia con los grandes inventos de la humanidad, es muy probable que la utilización de tipos móviles para la impresión de libros no sea obra singular de un determinado personaje, sino más bien la suma de varios peldaños a los que Johannes Gutenberg puso la cima definitiva con su genialidad, constancia y esfuerzo. Toda una vida plena de dificultades, de litigio en litigio, que le hicieron tener, tal vez por razones comerciales, una política de anonimato hasta el final de sus días, ya que no existe libro impreso alguna que lleve su nombre.

Retrato de Gutenberg

Vayamos con los antecedentes. Como sucedió con la invención del papel, los inventores de la xilografía, año 594 antes de Cristo, fueron los chinos. Y asimismo, en el año 868 ya de nuestra era, se imprimió con este método el primer libro del que se tiene noticia “El diamante de Sutra” una obra budista de Wang Chieh.

Y la invención de los caracteres móviles se relata en el libro de un doctor chino del siglo XI, Bi Sheng, sobre el año 1048. Estos caracteres fueron en principio de terracota, luego de plomo y más tarde de cobre.

De todo ello los europeos no nos enteramos más que para imprimir juegos de naipes por el método de la xilografía, allá por el año 1377, y sobretodo estampas religiosas. Mientras tanto, en los monasterios, los monjes seguían pacientemente copiando los libros antiguos, uno a uno, conservando de esta manera parte de las obras más esenciales de nuestro mundo clásico, Grecia y Roma principalmente.

Por entonces, a finales de este mismo siglo XIV surge en Italia, extendiéndose seguidamente por toda Europa, uno de los puntos culminantes de la historia reciente de la humanidad: El Renacimiento, es decir, optimismo humanista, fe en la ciencia, ambición universal, talante expansivo… que se vio favorecido por la invención de la imprenta que permitió difundir más rápidamente sus conocimientos.

Es en este contexto donde la figura de Gutenberg alcanza su mayor relieve.

Juan Gensfleisch W. Gudenberg nació en Maguncia (Alemania) en el año 1397, siendo aún de temprana edad su familia tuvo que emigrar a Maguncia. En el Año 1430 cambió su apellido por el de Gutenberg para pasar más desapercibido en el exilio.

Se dice que estando en Harlem (Holanda) conoció e hizo amistad con Lorenzo Coster, Sacristán de la catedral, el cual le hizo fijarse en una gramática latina que estaba reproducida en planchas de madera y esta revelación le hizo concebir un procedimiento de imprenta que no descansó hasta verlo realizado. Actualmente esta leyenda está destituida de todo valor histórico.

En el año 1439 se le encuentra comprometido en un litigio. Por os documentos que han figurado en el caso y que se han conservado, nos enteramos que años antes había formado compañía con dos socios para trabajar en varias artes, en las cuales Gutenberg se comprometía a instruirlo, A la muerte de uno de ellos, un hermano pidió que debía ser admitido en la sociedad, o, en caso contrario que el capital aportado por su hermano le fuera reembolsad. Gutenberg logró probar su honorabilidad ante el tribunal, en el aspecto inicial de los hechos que se le imputaban y el juicio fue sobreseído por la corte en 1442.

En el registro de contribuyentes de Estrasburgo, en el año 1444, pertenecía el gremio de plateros, de ahí sus conocimientos en la fundición de metales.

En el año 1448 retorna de nuevo a Maguncia a continuar sus experimentos, y se puso al habla con el hombre de negocios y prestamista Juan Fust, quien para establecer un taller de imprenta entregó a Gutenberg una cantidad, sirviendo de garantía todos los utensilios de la misma, reconociéndole, al mismo tiempo, como socio en dicho negocio.

La fecha de 1455 es transcendental para la invención de la imprenta con tipos móviles, pues consta un acta judicial, que todavía se conserva, que Gutenberg formaba compañía con Johann Fust con el fin de imprimir libros con tipos sueltos.

Montada la imprenta, imprimieron varios vocabularios y otros trabajos con tipos móviles.

Dándose cuenta Fust de los cuantiosos beneficios que podría obtener con este invento, introdujo también como socio, en este mismo negocio, a su yerno Pedro Schoeffer, inteligente obrero y buen grabador de aquella época.

Poco tiempo después comenzó Gutenberg a imprimir La Biblia, y para ello tuvo que hacer Fust una nueva aportación de dinero, y cuando llevaba impresos unos catorce pliegos, Fust, que como Schoeffer, estaban impuestos en el arte de la imprenta, sabiendo que Gutenberg no podía abonarle las cantidades entregadas más los intereses, le llevó a los tribunales, quienes fallaron en contra de Gutenberg. De este modo quedó deshecha la sociedad, y Fust y Schoeffer, dueños de la explotación de la imprenta, que tanto costó crear a su inventor.

Otra vez se volvió a encontrar Gutenberg sin dinero, y con tanto contratiempo, envejecido. No obstante, su constancia y la fe que tenía en sí mismo para seguir adelante con su invento lograron que el doctor Konrad Humery le proporcionara un nuevo equipo de imprenta, lo más completo de aquella época, para que pudiese trabajar nuevamente.

Montada la imprenta, aparte de otros trabajos, imprimieron varios vocabularios y un diccionario latino, El Catholicon, escrito por Johannes Balbus en el siglo XIII, fue impreso en Maguncia en 1460, y apareció como un volumen en folio de 373 hojas, algunas en vitela y otras en papel, impreso a dos columnas por página, con un tipo pequeño que no era nada bueno, según los técnicos y del cual se han clasificado tres variedades. Termina con un colofón que, traducido dice así:

“Este noble libro, Catholicon, fue impreso y terminado en el día de la Encarnación de Señor del año 1460, con la ayuda del Altísimo –a cuya voluntad las lenguas de los niños se desatan, y quien a menudo revela al humilde lo que oculta al sabio- en la generosa ciudad de Maguncia, de la insigne nación alemana, que Dios, con su clemencia, ha tenido la dignación de concederle la sublime luz del genio y la libre gracia de elevarse y hacerse ilustre sobre todas las otras naciones de la tierra; sin el auxilio de caña, estilo o pluma, sino por el maravilloso acomodamiento, proporción y armonía de punzones y tipos. Por tanto, a Ti, Padre Eterno, a Tu Hijo y a Espíritu Santo, al Dios Trino y Uno, alabanza y gloria sean rendidas; por la exaltación de la Iglesia, nunca ceses de ensalzar a María Santísima. Alabado sea Dios.”

La identidad del impresor de Catholicon ha sido discutida en pro y en contra, pero es muy significativo que los mismos tipos del Catholicon, hayan sido usados por los hermenos Heinrich y Nicolaus Bechtermünze al imprimir el Vocabularius ex quo (un extracto del Catholicon) en Eltville, en 1467. Los Bechtermünze eran parientes de Gutenberg, y Eltville, no lejos de Maguncia, era la residencia del arzobispo Adolfo de Nassau, quien nombró a Gutenberg caballero de la cote en 1465.

En el año de 1468 falleció Johannes Gutenberg, siendo enterrado en Maguncia –su ciudad natal- en la iglesia de los frailes Dominicos, señalándose el lugar que ocupaba la fosa con una inscripción en latín, cuya copia se conserva, no así la lápida ni la iglesia, que fueron destruidas por los franceses en la guerra napoleónica de 1794.

La lápida que figuraba en el sepulcro de Gutenberg, decía así:

D.O.M.S.

JOANNI GENFLEISCH

ARTIS IMPRESSORIAE REPERTORI

DE OMNI NATIONE ET LINGUA OPTIME

MERITO

IN NOMINIS SUI MEMORIAM INMORTALEM

ADAM GELTHUS POSUIT OSSA EJUS IN ECCLESIA

FRANCISCI MAGUNTINA

FELICITER CURANT

Otros libros que se atribuyen a Johannes Gutenberg son los siguientes:

El Donatus (1445). Gramática latina hecha con los ismos tipos que después sirvieron para imprimir la Biblia de 36 líneas. Bulas de Indulgencias del Papa Nicolás V (1454). Hojas sueltas impresas en Maguncia sobre papel de hilo, haciéndose posteriormente varias reimpresiones. Existen ejemplares en las Bibliotecas de París y Londres con igual letra que la Biblia de 36 líneas. Esta Biblia consta de 1770 páginas y se tiene la creencia de que fue impresa en Estrasburgo en el año 1455. Es mucho más rara que la Biblia Mazarina, o sea la de 42 líneas.

Aunque partiera de elementos inventados con anterioridad, su gran logro fue realizar los moldes en que se fundieron los tipos y perfeccionar el sistema de impresión que se difundió rápidamente por Europa.

La civilización tiene una deuda inmensa de gratitud con: JOHANNES GUTENBERG.

Artículo escrito por JOSÉ LUIS IBARGÜEN DEL CURA en enero de 2007.