Error: Acción desacertada o equivocada

Errata: Equivocación material cometida en el impreso o manuscrito

 

ERRORES

La idea de una unidad de medida para la tipografía nació en París en Jan-hussel siglo XVIII. Pedro Simón Fournier publica primero en 1737 su tabla de proporciones y, seguidamente Francisco Ambrosio Dado, en 1760, perfecciona el sistema dándole al cícero la medida de 4,512 m/m.

Pues bien, por entonces residía en París el gran científico, estadista y diplomático norteamericano Benjamín Franklin, que además era impresor; que fue su primer oficio, instalando su propia imprenta en 1772. Y al volver a Filadelfia y establecer su fundición de tipos adoptó el nuevo sistema pero tomó mal las medidas cometiendo un error muy importante que ha subsistido hasta nuestros días, dándole la medida de 4,210 m/m, que recibió más tarde el nombre de «épica» para distinguirlo del cícero europeo. ¡Buena la hizo el bueno de Benjamín!

A propósito de esto, y no podemos asegurar si relacionado con ello, en nuestros primeros años de linotipista, allá por los años cuarenta del pasado siglo, se trabajaba indiscretamente con pólizas de matrices de altura inglesa y otras de altura americana que tenían un ojo de la matriz grabado con menor profundidad. Para que quedara toda la proporción a la misma altura para imprimir posteriormente, se tenía que cambiar el molde y adelantar o retrasar el crisol. Más de un galerín de composición se tuvo que volver a picar por no hacer estas operaciones debidamente.

A un error importante seguimos con otro no menos importante. En 1631 se publica en Londres una biblia en la que al descomponer el séptimo mandamiento de la ley de dios se han comido la palabra «NO» con lo cual se ordena lo contrario de lo que establece dicho mandamiento. Este error costo a los impresores una multa de 300 libras que en aquellos tiempos era una verdadera fortuna.

Y a continuación recordamos un error mayúsculo que cometió el escritor norteamericano Mark Twain, quien puso toda su fortuna, y la perdió, apoyando al ingeniero James W. Peige en el invento de una máquina de componer que fracasó porque su puesta en práctica requería unos gestos exorbitantes y de la que, además, se cuenta que dos personas se volvieron locas al examinar su funcionamiento.

Existe un libro que posee un error bastante categórico, se trata de la obra «imprenta y crítica textual del siglo de oro», bajo la dirección del Académico de la Lengua Francisco Rico y al cuidado de Pablo Andrés, de la Real Biblioteca, y Sonia Garza, de la Universidad de Alcalá. Es norma común que en las páginas pares figure junto al folio el nombre del autor; y en las impares el título del artículo. En este caso, desde la página 97 a la 112 (osea un pliego de 16 páginas) figura únicamente, tanto en pares como en impares, el título del artículo, que es precisamente «La Corrección de Pruebas», y siguiendo con el mismo, desde la página 113 a la 128 (otro pliego de 16 páginas) se hace ya correctamente.

Por lo demás es un libro excelente y muy bien impreso, cuyo contenido, muy bien documentado, ha enriquecido notablemente nuestros conocimientos sobre la imprenta en ese periodo de tiempo tan importante en la literatura española.

 

 

ERRATAS

«HECHA» (EN LUGAR DE ECHA)

Sobre ellas hay numerosos libros que recogen lo más importante desde el particular punto de vista de cada coleccionista. Todavía se recuerda el regocijo que se produjo, en los antiguos años de enseñanza primaria, el leer en una enciclopedia que Cristóbal Colon había descubierto América en 1942.

En un verso que Ramón de Garcíasol escribió a su mujer decía «Y Mariuca se duerme y yo me voy de puntillas», un duende de imprenta hambriento se comió la letra «N» y el libro se publicó diciendo que el poeta se iba de «Putillas».

En la Unión Soviética bajo el gobierno de Stalin, se hizo obligatorio que en la «Fe de erratas» se incluyera el nombre de la persona que la había cometido y, según el historiador Donald Rayfield, un autor o un linotipista podía ser fusilado por una letra mal puesta.

«CONCERVACIÓN» (por Conservación)

Y terminamos con una pequeña muestra de erratas que nos han hecho sonreír, que al fin y al cabo es lo mejor que nos ofrece este «arte imperfecto» del oficio de imprimir:

 

  • «el cisco de plata de la luna» (por disco)
  • «desde lejos se divisan las arpas del molino» (por aspas)
  • «… se construyeron por niños» (por nichos)